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30 Jan
30Jan

Hubo un momento del año anterior, que me sentí como ese árbol  de ramas secas.

Entonces pare, me pare. Y reflexioné.

Qué me está pasando, me sentía seca, poco apetente en general y tb a nivel profesional.

Decidí que mis ramas secas debían dejarse empapar de la belleza que sin duda las rodeaba, o buscarla. Y eso hice, miré en mi horizonte, y también adentro de mí.

Y descubrí que mi motor se estaba parando, me faltaba gasolina. Me faltaba adrenalina, me faltaba creatividad. Faltaba ese más del 50% de mi yo.

Y la busqué, y empecé a aceptar proyectos creativos, nuevos. Me agarré al reto. Importante sentirlo para mí.

Y empecé, y aún sigo en ello. Y poco a poco sentí que esas ramas empezaban a florecer, que la energía volvía a mí.

Todos somos un poco de poco. Y cada uno debe de saber qué es ese poco que para él, es esencial. Su gasolina.

Y una vez descubierto o aceptado, integrarlo.

Por muy distinto que sea ese algo, al trabajo que uno realiza. 

Ese algo posiblemente es algo que le pertenece a él, que es mucho más, que lo que hace.

Si dejamos de ser quién somos, si apartamos todo lo que somos, nuestras ramas se secaran.

Mis ramas son variadas, me gusta lo que hago, pero también todo lo que mi creatividad me permite poder hacer, y a la vez sentir el disfrute del reto, muchas veces con ello, y la satisfacción también del logro.

Todos somos un árbol de ramas coloreadas, cada color es una parte, talento, ilusión, hobby, vocación, etc. Si reprimimos éstos con el tiempo, seremos nosotros los ahogados.



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